Nada como ponerse unos audífonos, subirle el volumen al aparato reproductor y despejar la mente mientas se corre, se baila, se brinca, se danza, se suda. La sensación de ardor, la mente en blanco y la meta fija en los ojos hacen del ejercicio el desfógue máximo de energías. La tristeza, la rabia y el desepero se convierten en determinación, fuerza y superación, cuando se está frente al objetivo: unas pesas, una tula, un andén, un tubo de pole, un balón de fútbol, una bibicleta o unos patines. Superarse, hacer más que el día anterior, sentir los músculos fortalecer, respirar mejor, aguantar más, es lograr un nivel de satisfacción personal que muy poquitas actividades brindan.
Hacer ejercicio me despeja la mente, fortalece mi alma y da paso a las mejores energías para que arreglen mi día. Además, da la mejor satisfacción, la perfecta disposición y la positividad necesaria para poner una sonrisa en mi cara y contagiarla a los demás. Sus dotes terapéuticos hacen que te salgas de la realidad por el tiempo que lo estás practicando, te despeja y al volver,encontrarás respuestas que antes no te habías imaginado.
El ejercicio ayuda al cuepo a producir unas sustancias químicas llamadas endorfinas, que se encargan de hacernos sentir paz y felicidad. No hay excusas, solo determinación a la hora de hacer ejercicio. Son muchas las satisfacciones que te ofrece a nivel personal, de salud física y metal.
Felicitaciones si regularmente lo haces, y si no, qué esperas, únete a la mejor terapia del mundo.
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